Levantar la mano
Eran las cinco y media y un estudiante se atrevió a levantar la mano. El asombro corrió entre los pupitres mientras el chaval pedía una aclaración sobre un punto de la explicación. El afán iba más allá de espetar su postura al profesor sino que buscaba la sana confrontación, la discrepancia, el detalle con el que ratificar su opinión o con el que preguntarse si era la acertada. Poco importa el tema, era una mano levantada, un homenaje a las humanidades, un tributo al ser humano, al progreso. El resto de la clase atendía estupefacta al irreverente estudiante que en breve se convirtió en «el imbécil que levantó la mano». Nadie era capaz de entender aquella inesperada consulta si la... Ver Más
Original source: ABC Spain